El padre Papaleo celebró sus Bodas de Oro sacerdotales

El padre Hugo Papaleo, párroco de la ciudad de Rojas, conmemoró éste sábado sus Bodas de Oro sacerdotales.

El párroco local pasó por los estudios de Radio Rojas y dijo que “estoy cumpliendo cincuenta años de sacerdocio. Un 23 de septiembre de 1967 yo era ordenado sacerdote en Gobernador Castro, mi pueblo natal, un pueblo entonces de quinientos habitantes, hoy  ya un pueblo más grande”, y observó que “nunca imaginé dónde estaría si vivía a los cincuenta años de sacerdote, pero doy gracias a Dios por estar entre ustedes”.

Y nos relató que “mi vocación nació en mi familia, porque nací en una familia creyente, en un pueblo donde no había iglesia, no había párroco, así que nunca veía un cura, por lo menos hasta mis diez años de edad”.

“Sin embargo yo sentía el deseo de serlo por lo que sobre todo mi madre relataba de lo que había vivido en Italia”, prosiguió, y señaló que “así nació mi vocación y gracias a Dios cuando se crea la Diócesis en el 55, el primer Obispo va a visitar a mi familia y es un poco el que hace que termine decidiendo ser sacerdote”.

“Mi padre decía que tenía que ser peluquero como él, era el único que no veía eso, pero a partir de ahí comprendió muy bien mi vocación, fue un gran entusiasta, y se alegró. En el pueblo nunca había entrado y nunca entró todavía ningún otro la seminario para ser sacerdote. El sábado 30 a las 18 horas me esperan allá para la misa de Acción de Gracias”, refirió el párroco local.

Allí, dijo, “me conoce la gente de antes, porque hace muchos años que no ando por el pueblo. A mis padres antes de morir los llevamos a Buenos Aires, y mis hermanos también se fueron. De ocho hermanos ahora somos cuatro. Hace ocho años que estoy en Rojas, nunca estuve ocho años en una parroquia. Estuve diez años corridos, sí, con los seminaristas; después otra etapa hice antes de venir acá, hice otros ocho años en otros tiempo, y de ahí de Buenos Aires hacia acá”.

“Ya tengo la edad para ser emérito, pero así dice el derecho canónico, que el Obispo considera de la circunstancia y la persona, si se siente con salud o no. Me siento muy bien gracias a Dios, acá en Rojas uno se recompone de todos los males. Lo quiero mucho al pueblo de Rojas, y lo defiendo cuando alguno no habla bien de Rojas. Al pueblo lo hacemos los habitantes. También debo decir con sinceridad que estuve bien y cómodo en todos los pueblos donde estuvo, porque fue párroco en San Pedro, San Nicolás, Arrecifes y Colón”, comentó luego Papaleo.

Sobre su carrera sacerdotal, nos comentó que “para ser Obispo depende de un consejo, pero en definitiva el Papa es que el aprueba. En ese caso nos conocemos con el Papa, pero el Papa no conoce a los curas del mundo. Los obispos del lugar dicen cuál es un candidato, hacen toda una información, pero la persona no se entera, así que no puedo saber si estuve cerca de ser obispo. Ningún cura se prepara para ser obispo porque no es una carrera y se va ascendiendo. Se mira la capacidad de gobierno del obispo, porque es el gobernador de la Diócesis y es incluso el que dispone de los sacerdotes, porque realmente quien más está al servicio de los sacerdotes es el obispo, porque no tiene una comunidad de fieles que tiene que atender”.

Por otro lado, afirmó que “ser sacerdote tantos años ha dejado de todo, deja una gratitud primero a Dios, y después a todos los que han intervenido en la vida de uno, a las comunidades donde yo estuve, desde la primera hasta la actual. Me he sentido que he querido a la gente, y me he sentido querido. Esto lo agradezco a Dios y la gente, y el sacerdocio es un servicio, ojalá sea de veras un servicio porque uno no aprende tan fácil a ser servidor, eso se aprende siempre”.

“Jesucristo es quien dijo que no vino a ser servido sino a servir, imitarlo a él, cuesta, y no sabemos. No por ser sacerdote va a ser servidor naturalmente, tenemos que ser íntegros y entregarnos al servicio de los demás.  El sacerdocio también permite abrazar al mundo desde la fe como hermanos. Eso también nos cuesta a todos. No es solo el cura el que tiene que reconocer a todos los hombres hermanos, somos todos los que tenemos estar cerca del que necesita, del que sufre.  Ojalá seamos siempre así, en las buenas y en las malas. Hacer las cosas bien a todos nos reclama un esfuerzo, porque las cosas mal salen fácil solas. Más que un festejo, para mí es una gratitud, a Dios y a la gente. Ojalá que mientras Dios me de vida pueda ser útil”, completó el sacerdote.

Fuente: elnuevorojense.com.ar